EL INFINITO EN UN JUNCO, DE Y CON IRENE VALLEJO

Normalmente los Premios Nacionales de Ensayo no son demasiado conocidos por la población general. Sin embargo,  Premio Nacional de Ensayo 2020, ya ocupaba la cabecera de los libros más vendidos desde su publicación, en septiembre de 2019.

Por eso, el número de participantes en la tertulia Peñalinares ha sido solo una pequeña muestra de la realidad lectora. Fuimos doce personas, pero representábamos a muchas más que sé fehacientemente que lo han leído y disfrutado.

Uno de los aspectos más interesantes que tiene una tertulia es la heterogeneidad de sus participantes tanto en edades como en especialidades e intereses. Y este libro se prestaba  a ser observado desde todas esas miradas.

En general ha gustado, sobre todo y de manera unánime, la parte inicial dedicada, en primer lugar,  al surgimiento del libro y, después, a su tratamiento durante la civilización griega. En la segunda parte, la romana, ya hubo disparidad, e incluso se comentó un cierto descenso en el nivel de calidad y una visión algo tendenciosa sobre la excesiva dependencia de la cultura romana con respecto a la griega.

También reflexionamos sobre por qué ha tenido tanto éxito. Para algunas personas, su difusión a través del boca a boca ha sido tan determinante como la presencia de la autora en numerosos medios de comunicación, tanto escritos como radiofónicos. Además, la obra tiene otro aspecto que le da un atractivo especial: la pasión. Irene Vallejo, a pesar de su juventud, demuestra con creces que es una erudita entusiasmada con el conocimiento, curiosa y encantada de compartir y divulgar cuanto ha ido descubriendo en sus investigaciones.

En ese momento, cuando estábamos en plena conversación, llegó la sorpresa que nos tenía preparada Isabel Oriol, alma mater y trabajadora incansable de estas tertulias, la entrada en directo de la propia Irene Vallejo. ¡Nunca ser trece ha sido tan agradable!

Con una sonrisa permanente y unos ojos que mostraban el mismo apasionamiento de su obra, estuvo durante más de media hora con nosotras (digo nosotras porque la participación femenina era de 11 a 1)

Compartió con nosotras su sorpresa ante la acogida de su obra entre sus lectores, las adversas condiciones en que lo escribió y el proceso de realización. Su intención era llegar hasta el descubrimiento de la imprenta, pero la extensión del proyecto y el correspondiente encarecimiento de la obra, entre otras consideraciones de su editor, condicionó la extensión actual.

Respondiendo a las preguntas de los participantes, confirmó su interés por visibilizar la relación entre los clásicos y las manifestaciones artísticas de la actualidad, tanto libros como películas y cuadros, ese diálogo que existe, aunque muchas veces no seamos conscientes.

Por otra parte, destacó el papel de tantos seres anónimos que, paradójicamente, consiguieron salvar del olvido a obras maestras, en algunos casos un único ejemplar. Y el privilegio que supone Internet, a pesar de sus inconvenientes, claro, para responder y despejar las dudas que la curiosidad del ser humano ha planteado en toda época.

Asimismo, reflexionó sobre el diferente concepto de la infancia y la educación que tenía la época clásica con respecto a la escuela actual, e hizo una encendida defensa de la libertad de elección de lectura dentro de un listado amplio, en sustitución de obras obligatorias comunes para todo tipo de lector. Matizó el papel de la lectura como punto de partida para la reflexión y la argumentación, tan necesarias en una democracia, por lo que debía cuidarse desde la escuela, incluso con tertulias literarias en las que participasen los propios alumnos, independientemente de su edad.

Enlazando con ese tema, destacó el papel de la lectura en voz alta, desde la propia lectura de cuentos a los niños, hasta los grandes contadores de historias que, incluso desde el analfabetismo, eran capaces de crear esa magia y esa comunicación por medio de la palabra. Alabó la capacidad oradora de grandes escritores como Luis Landero y su familia de narradores, de Carmen Martín Gaite y otros muchos que se asoman a su última obra, Manifiesto por la lectura, una pequeña joya que nos hemos apuntado los que no la hemos leído todavía.

Podríamos haber estado mucho más tiempo y se nos quedaron un montón de preguntas, pero el encuentro llegó a su fin, no sin antes acordar con ella la posibilidad de que pudiera venir a nuestros centros, bien por medio de la iniciativa de los Encuentros Literarios o bien a título personal. Le encanta Santander y, además, había acordado con Juan Gómez Bárcena, el primer autor que hemos leído este curso en la tertulia, verse en nuestra ciudad en un futuro esperemos no muy lejano. Igual podemos conseguir dos pájaros de un tiro.

En conclusión, doble delicia, tanto la lectura como el regalo de la tertulia. ¡Nos vemos en la siguiente, Tierra sonámbula de Mia Couto (a quien admira Irene Vallejo, por cierto), el 23 de febrero!

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