AMERICANAH

Ayer tocó tertulia literaria. Sobre todo, tertulia; el libro es casi casi el pretexto. Y el pretexto de ayer, un bocado exquisito. Fin. No pasa nada si no sigo escribiendo. No es cosa de empezar a marear la perdiz. Queda claro que es un libro muy bueno. Que merece la pena leerlo. Que hay que leerlo; si yo fuese una influencer de esas, o prescriptora de tendencias literarias, es lo que diría: HAY que leerlo.

Por suerte (tranquila, Dulceida) solo soy una aficionadilla a la letra impresa, de variopinto gusto (algún día contaré lo que puedo disfrutar con un catálogo de ferreterías) Y, como aficionadilla de tres al cuarto os digo que, si os gusta una buena novela, esta. Si os gusta una novela de amor, esta. Si de amor, pero no solo, esta. Si con humor, sutil o menos sutil, esta. Si con ironía, esta. Si con un pedazo de protagonista, esta. Si con mujeres que meten la pata, esta. Si con varones que también meten la pata, esta. Con gran ciudad africana, Lagos, esta. Con periplo por grandes ciudades estadounidenses, esta. Con emigrantes que logran su sueño, deslucido, esta. Con emigrantes que muerden el polvo, esta. Con ese famoso espejo al lado del camino, que dijo Flaubert, para reflejar la realidad. Con muchos y variados personajes que muestran dos países, dos formas de vida muy diferentes. Con muchos y variados personajes que muestran que las personas, hombres o mujeres, africanos o norteamericanos, se parecen más de lo que pensamos. Con todos los temas de candente actualidad, que dicen en los informativos.

Y te metes en la peluquería con esa Ifemelu que se dispone a regresar a su país, pero que antes tiene que hacerse sus trenzas cosidas, y ya no la vas a abandonar a lo largo de las seiscientas páginas que dura su peripecia. La vas a acompañar cuando ríe y cuando llora. Te va a apetecer reñirla cuando crees que se equivoca, aplaudirla cuando acierta y tomarla de la mano cuando necesita salir de algún pozo negro. Vas a reír con perplejidad con ella cuando, esplendorosa negra nigeriana, explique que supo que era negra cuando llegó a Nueva York.

Para qué seguir. Se nota que hay que leerla ¿no? Y eso sin entrar en cómo está escrita, que no voy a hacer aquí un comentario de texto, el señor me proteja. Pero no me resisto a citar algunas muestras del estilo de la autora, esa Chimamanda Gnozi Adichie a quien conocíamos ya por su ensayo Todos deberíamos ser feministas, de obligada lectura también. (Ana Rojas lo leyó y nos lo contó):

– “(…) ella pudiera fingir ser otra persona, una persona ornada de certidumbre”

– “vivían juntos, desde hacía tres años, tres años sin una sola arruga”

– “¿cómo era posible echar de menos algo que ya no se deseaba?”

– “los dioses, las veleidosas deidades que daban y quitaban los amores en la adolescencia, habían decidido que Obinze saliera con Ginika”

– “insistió en que no debería haber sido abofeteada porque era un ser humano en sentido pleno, no porque no tuviera un marido para defenderla”

– “Ifemelu apoyó la cabeza en la de él y sintió por primera vez lo que a menudo sentiría a su lado: afecto por sí misma”

– “(…) supo que tardaría mucho en despojarse de la pashmina de los ofendidos”

– “deseó, de pronto y con desesperación, ser del país donde la gente daba y no de donde la gente recibía, ser una de aquellos que tenían y podían deleitarse en la elegancia de haber dado, de estar entre aquellos que podían permitirse lástima y empatía en abundancia”

Me puedo liar la manta a la cabeza y copiar y copiar porque esta novela es un sembrado muy productivo, pero ya lo dejo aquí.

Solo dos cosillas más. Una, no es verdad que la novela haya muerto, Americanah es la prueba. Dos, hablar del libro con otros lectores es como meter la mano en un cesto de cerezas: van saliendo nuevas visiones sobre lo leído enredadas unas en otras, y todas muy apetitosas. Gracias, chicas y chico de la tertulia, nos vemos en un mes.

 

Chimamanda Ngozi Adichie

Americanah. Literatura Random House (con excelente prólogo de Elvira Lindo)

Todos deberíamos der feministas. Literatura Randon House

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